Estimados amigos de la informatica y la educación, feliz año...!!!

Me encontraba ya casi en el fin de año buscando la frase que me representara, y no la encontraba...

Como cada uno de nosotros, cuando llegan estas fechas, quería decir, en pocos renglones, algo que expresase un transcurrir, un afecto, un consejo....

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Amigos de la informática... ¿cómo están..?
Ustedes saben que, como toda persona mayor, uno viene tratando de cubrir esa mayor edad con situaciones que no lo muestren como tal; pero claro, a veces no podemos negarnos a ellas, y así es como en algún momento, hace años, creamos con algunos amigos, un foro denominado "Bit 40 - Dinos y dinas de la Informática en la Argentina". (vean el blog http://bit40-dinos.blogspot.com/)

Se suponía el número 40, pues deberían integrarlo quienes superaran más de esa edad en la actividad: el tema es que hoy el grupo alberga a unos 150 dinosaurios de la informática, a pesar de que tiene como condición “sine equanon”:,el haber participado de aquel inefable conjunto de quienes trabajaron en computadoras, “antes del advenimiento de la PC”.

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 Qué tal, amigos… ¿cómo están…?
Es increíble: ya avanza se
ptiembre y dentro de poco llegaremos a fin de año.

Ahora… ¿Cuántos propósitos y metas nos trazamos al inicio de año, y cuántos nos han quedado truncos…?
Quizás hace poco nomás, avanzábamos en una senda de proyectos personales que parecían alcanzables en este período, ¿qué nos ocurrió…?

Claro, no a todos los que lean estas líneas les ha pasado esto, pero —seguro que sí— a la mayoría.

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Amigos de la informática, ¿cómo están...?

Como todos imaginan, soy un fervoroso defensor de la innovación tecnológica. La idea de que, a partir de esta concepción, surgiesen nuevos emprendimientos que se trocasen en negocios de tipo tecnológico, me acompaña desde 1985, cuando me tocó hacerme cargo primero de la materia Seminario de Sistemas y diez años más tarde de la asignatura Proyecto Final, en la carrera Ingeniería en Sistemas de Información de la querida UTN Facultad Buenos Aires, donde yo mismo me gradué hace casi medio siglo.

La idea de que un graduado tecnológico, entonces, fuese un emprendedor e innovador, debe ser tomada como un objetivo claro y concreto de todas las carreras que se dedican a generar jóvenes profesionales que se involucren con las posibilidades de los sistemas de información y la informática.

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Hola amiga, amigo, ¿cómo está? Déjeme contarle algo… Hay quien cree, al ver mi CV, que he sido siempre un hombre exitoso, tanto en la educación como en la tecnología. Puede verse lo que digo, si gusta, en mi LinkedIn. Sin embargo, en mi primera juventud fui, como muchos de quienes puedan estar leyendo esta editorial, un “desorientado”. 

Tanto lo fui que abandoné en segundo año mi carrera de ingeniería industrial tras haber cursado en ella casi seis. Me engañaba a mí mismo, me decía que debía seguir y seguir… y realmente siempre encontraba cosas más importantes que estudiar… una novia, un deporte, una pasión. En mi vida por suerte encontré, con 24 años cumplidos, un trabajo en una empresa que, en ese entonces, era muy grande: Pirelli. Luego de hacer un curso, me convertí en un programador y eso me entusiasmó tanto, que largué todo para tratar de ser el mejor. 

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Colega amigo… cómo está…? 

En este año 2016 estos editoriales tendrán el firme propósito de colaborar en este nuevo desafío que nos propone el nuevo gobierno, el que empieza a preocuparse por la modernización, y a lo que he adscripto entusiasmado.
Al ver todo el espectro, uno cree que cuenta con buenas opiniones respecto del futuro de la informática y su inserción en el país. Pero es claro que debe morigerarse y tratar de colaborar sólo en los temas en los que mayor experiencia uno haya acumulado. Por ello centraré mis objetivos en los que hace algunos cuantos años ya había señalado como mi ruta: la educación informática.
Han sido más de 42 largos años en la docencia universitaria, terciaria y de postgrado. Y ello lleva a preguntarme si ese camino, trabajosamente recorrido, me ha ido conduciendo al destino correcto.
Y con total honestidad, advierto que no.
Y la respuesta es no porque, como dice el refrán, "cada vez que iba alcanzando a contestar todas las respuestas, me iban cambiando las preguntas." 

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